8M 2026: Millones de Mujeres en México Atrapadas entre Brechas Laborales, Alta Informalidad y el Peso del Trabajo de Cuidados

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México enfrenta alarmantes brechas laborales, alta informalidad y una carga desproporcionada de cuidados para millones de mujeres. Datos del INEGI y expertos exigen acciones urgentes para la igualdad económica y competitividad del país.

En el marco del Día Internacional de la Mujer de 2026, la realidad laboral de millones de mujeres en México se caracteriza por profundas desigualdades, con significativas brechas en la participación económica, una informalidad persistente y una desproporcionada carga del trabajo de cuidados no remunerado. Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), junto con informes de organismos como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la OCDE y el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), revelan un panorama que, a pesar de algunos avances, subraya la urgencia de acciones concretas para alcanzar la igualdad económica y social.

La brecha en la participación económica es uno de los indicadores más elocuentes. Mientras que la tasa de participación económica masculina en México se sitúa alrededor del 75.1%, la de las mujeres apenas alcanza el 45.7%, lo que representa una diferencia cercana a los 30 puntos porcentuales. Esto significa que menos de la mitad de las mujeres en edad laboral tienen un empleo o buscan activamente uno, una realidad que no se explica por falta de preparación educativa, ya que la proporción de mujeres con estudios de nivel medio superior y superior ha aumentado significativamente entre 2015 y 2025. Sin embargo, el mercado laboral no absorbe esta preparación de manera equitativa.

La informalidad laboral es otra barrera estructural que afecta desproporcionadamente a las mujeres. Más de la mitad de las mujeres ocupadas en México, un 55.9%, trabaja en condiciones de informalidad. Esta situación las priva de acceso a seguridad social, prestaciones, financiamiento y oportunidades de desarrollo profesional, limitando su estabilidad e ingresos. En contraste, la informalidad entre los hombres se ubica en el 49%, una diferencia que se mantiene similar a la registrada en 2005. Esta precariedad laboral se agrava con la brecha salarial, donde las mujeres perciben ingresos significativamente menores que los hombres. Por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer percibe en promedio 86 pesos, según el IMCO. Otros informes señalan que los hombres perciben hasta un 25% más de ingresos, y esta brecha puede ampliarse hasta un 45% en niveles educativos más bajos. Dentro de la formalidad, la desigualdad persiste; por ejemplo, en sectores como salud y educación, donde las mujeres son mayoría, perciben un 10% menos que sus colegas masculinos. Además, un alarmante 46.7% de las mujeres ocupadas gana hasta un salario mínimo, y un 5.6% no recibe ingresos en absoluto por su trabajo, frente a un 34% de hombres en la misma situación salarial de mínimo.

El trabajo de cuidados no remunerado representa una carga abrumadora para las mujeres, siendo un factor crucial que limita su plena integración al mercado laboral formal. Las mujeres dedican en promedio 40.9 horas semanales a labores domésticas y de cuidados, más del doble que los hombres, quienes destinan 19.5 horas. Esta desigualdad se traduce en “pobreza de tiempo”, una situación donde las responsabilidades les restan horas para el descanso, el desarrollo personal o la participación social, exacerbándose en edades productivas (25 a 49 años) donde muchas combinan empleo, crianza y cuidado de otros miembros del hogar, lo que genera jornadas dobles o triples. El valor económico de este trabajo no remunerado es sustancial, equivalente al 23.9% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional en 2024, con las mujeres aportando el 70.9% de este total. A pesar de esta aportación vital, solo el 3.3% de las personas con discapacidad o en situación de dependencia acuden a un centro de cuidados, mientras el 96% recibe atención en sus hogares, recayendo mayoritariamente en las mujeres.

Organismos empresariales como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) han enfatizado que no se puede hablar de competitividad ni democracia plena en México mientras más de la mitad del trabajo de cuidados recae desproporcionadamente en las mujeres y su presencia en los espacios de decisión económica sigue siendo marginal. La falta de un sistema de cuidados suficiente y accesible es un obstáculo fundamental, ya que solo el 5% de los niños menores de tres años accede a educación o cuidado temprano, muy por debajo del promedio de la OCDE. La OCDE recomienda la creación de una red federal de servicios de cuidado infantil y educación inicial financiada públicamente para abordar esta problemática.

A pesar de que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 incluyó por primera vez el Anexo 31 “Consolidación de una Sociedad de Cuidados”, destinando 468 mil 641 millones de pesos (1.26% del PIB), esta cifra representa apenas el 5.42% del valor del trabajo no remunerado en el país, lo que evidencia que el esfuerzo fiscal aún es limitado. Impulsar la plena integración productiva de las mujeres no solo es una deuda histórica en materia de igualdad, sino una estrategia económica prioritaria para fortalecer la productividad y el dinamismo nacional.

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