Apocalipsis Now

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El presidente de los Estados Unidos Donald Trump ha desenterrado el hacha de guerra en el continente americano y se decidió finalmente dar el salto al vacío al invadir Venezuela, deponer al régimen bolivariano y detener al Presidente.

El presidente de los Estados Unidos Donald Trump ha desenterrado el hacha de guerra en el continente americano y se decidió finalmente dar el salto al vacío al invadir Venezuela, deponer al régimen bolivariano y detener al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa para llevarlos presos y someterlos a la justicia estadunidense. Como ellos mismos declararon, fue una operación largamente planeada, por años, y hasta este 2026 encontraron las condiciones idóneas para llevarla a cabo.

Para dar este salto mortal, los Estados Unidos primero tuvieron que constatar que la ambición china de convertirse en la primera potencia económica mundial era real. A China no solo le bastaba el sureste asiático y Africa para cumplir su propósito, sino que planeó el abordaje de América Latina como elemento fundamental de sus conquistas económicas. Su penetración sistemática y vertiginosa en todos los ámbitos de la economía latinoamericana despertaron el recelo de los norteamericanos, que vieron desplazada su influencia en la región producto de la abrumadora presencia china.

El Presidente Trump culpa a los gobiernos demócratas, principalmente, de haber sido muy laxos en la tarea de contención de China, la cual fue tejiendo una red de alianzas con antiguas potencias o imperios como Rusia e Irán para contrarrestar las demostraciones habituales de fuerza de los norteamericanos. Con eso dos grandes aliados, China se sintió segura en su desafío a la hegemonía norteamericana, emprendiendo una política muy agresiva de expansión económica bajo la cobertura de la globalización.

Petróleo, litio, tierras raras, metales preciosos, productos agrícolas, empezaron a ser objeto de beneficio en América Latina para los chinos, cortejando con su diplomacia melosa a regímenes políticos de todos los colores y aprovechándose incluso de la animadversión antiyanqui de algunos países como Venezuela para hacer caja. Decenas de medios chinos y una extensa red de creadores de contenidos se volcaron en idioma español a realizar labores de propaganda gubernamental y difusión de la cultura china, como ropaje de su notable expansión económica.

Todo esto sucedió de manera ininterrumpida durante los primeros 24 años del siglo XXl, convirtiéndose China en un monstruo de poderío económico y militar. Los primeros cuatro años no le bastaron a Trump para contenerla, puesto que la adicción del comercio y la industria global a las bondades del régimen chino eran insuperables. La situación empezó a cambiar cuando los Estados Unidos se replegaron de Afganistán y salieron de ese pantano; cuando Zelenski llegó al poder en Ucrania y se convirtió en un gobierno hostil al primer aliado chino que es Rusia, lo cual trajo consigo la guerra ruso-ucraniana; cuando Rusia perdió Siria; cuando Israel destruyó a Hezbolá y atacó a Irán; cuando Japón, a instancias de Estados Unidos, inició su rearme y su política hostil hacia China en el caso de Taiwan; y cuando el pueblo de Irán se levantó contra el despotismo de los ayatolas.

Todos estos elementos formaron la tormenta perfecta favorable a Estados Unidos, ya que debilitaron la posición China en el mundo. Con sus aliados envueltos en guerras y levantamientos sociales, Estados Unidos estaba seguro de que ni China ni Rusia nada podían hacer ante su decisión de invadir Venezuela y expulsarlos, a todos ellos, de un manotazo, de una de sus principales fuentes de riqueza y abastecimiento de combustibles en América Latina.

Al hacer esto, Trump rompe con todo lo establecido en las relaciones internacionales al evidenciar con sus hechos que Estados Unidos está dispuesto a hacer lo que sea para impedir que China y sus aliados sigan expandiéndose por América Latina. Para neutralizar su capacidad de reacción, Trump utiliza la carta de Taiwan y el actual conflicto social en Irán como disuasores. Ni China ni Rusia están en condiciones de abrir nuevos frentes más allá de sus fronteras más próximas.

 Donald Trump se ha jugado en la invasión de Venezuela el todo por el todo, y no está dispuesto a ceder ni un milímetro. Por ello, el aliado chino Kim Jon-Un habla ya de una Tercera Guerra Mundial, por los agresivos movimientos en el tablero mundial que está haciendo Estados Unidos, al romper unilateralmente con el derecho internacional consuetudinario e invocar de nuevo la Doctrina Monroe contra todas las demás naciones que quieran desafiarlo en América Latina. China y sus países asiáticos aliados: Rusia, Irán y Corea del Norte deben pensarlo muy bien si quieren interceptar el próximo movimiento de los Estados Unidos en Cuba, el último bastión que les queda en el continente americano.

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