Alerta Global: Banco Mundial Advierte Aumento del 24% en Precios de Energía por Escalada en Medio Oriente

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La escalada del conflicto y las interrupciones en el Estrecho de Ormuz amenazan con inflación y desaceleración económica, afectando a los hogares.

El Banco Mundial ha emitido una contundente advertencia sobre un posible y significativo aumento en los precios globales de la energía, proyectando un incremento de aproximadamente 24% para el año 2026. Esta previsión, detallada en su más reciente informe “Perspectivas de los mercados de productos básicos” y publicado el martes, 28 de abril, atribuye esta subida principalmente a la escalada del conflicto en Medio Oriente, el cual involucra directamente a Estados Unidos e Irán. De concretarse, este repunte llevaría los costos energéticos a niveles no vistos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, amenazando con un impacto sustancial en la estabilidad económica global y las finanzas de los hogares en todo el mundo.

El factor primordial detrás de este anticipado incremento es la grave interrupción en el suministro de petróleo, impulsada por ataques a la infraestructura energética en la región del Medio Oriente y las continuas afectaciones al transporte marítimo a través del estratégico Estrecho de Ormuz. Esta vía marítima vital, por donde antes del conflicto transitaba entre una cuarta parte y un 35% del petróleo crudo transportado por mar a nivel mundial, se ha convertido en el epicentro de la crisis. Según el Banco Mundial, esta situación ha generado “la mayor crisis de suministro de petróleo registrada” hasta la fecha.

En su escenario base, el Banco Mundial asume que las interrupciones más severas en el suministro se atenuarán para mayo de 2026 y que los volúmenes de transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz se recuperarán gradualmente, volviendo a niveles cercanos a los pre-guerra para octubre del mismo año. Bajo esta premisa, el precio del barril de crudo Brent se estimaría en un promedio de 86 dólares en 2026, lo que representa un aumento significativo respecto a los 69 dólares registrados en 2025. No obstante, la institución advierte que los riesgos se inclinan “marcadamente” hacia precios aún más elevados. Si la reapertura de las rutas marítimas se pospone más allá del segundo trimestre de 2026 o si una escalada de las hostilidades provoca daños adicionales a las instalaciones de petróleo y gas, el precio promedio del Brent podría oscilar entre 95 y 115 dólares por barril, intensificando aún más la presión económica global. Algunas proyecciones incluso señalaron futuros negociados en torno a los 109 dólares por barril.

El impacto de estos precios energéticos al alza trasciende los costos directos del combustible. El Banco Mundial anticipa un efecto dominó a través de diversos mercados de productos básicos. Se proyecta que el índice general de precios de las materias primas aumente un 16% en 2026, impulsado no solo por el sector energético, sino también por incrementos sustanciales en los fertilizantes y precios récord para varios metales clave. Específicamente, se prevé que los precios de los fertilizantes suban un 31%, con la urea experimentando un asombroso aumento del 60%, lo que reducirá drásticamente los ingresos de los agricultores y pondrá en peligro el rendimiento futuro de las cosechas. Esta disminución en la asequibilidad de los fertilizantes los llevaría a sus peores niveles desde 2022.

Estos incrementos generalizados en los precios alimentarán la inflación global, que podría elevarse hasta 300 puntos básicos, afectando de manera particular a los mercados emergentes, donde la inflación en las economías en desarrollo podría superar el 5%. Indermit Gill, economista jefe del Grupo Banco Mundial, declaró que “la guerra está afectando a la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el alza de los precios de los alimentos y, finalmente, con una mayor inflación, lo que elevará los tipos de interés y encarecerá aún más la deuda”.

El informe también subraya las graves consecuencias humanitarias. El Programa Mundial de Alimentos estima que la prolongación del conflicto y las presiones asociadas sobre el suministro y la asequibilidad de los alimentos podrían empujar a 45 millones de personas adicionales a una situación de inseguridad alimentaria aguda este año. Las poblaciones más vulnerables, que destinan una gran parte de sus ingresos a alimentos y combustibles, se verán desproporcionadamente afectadas, al igual que las economías en desarrollo que ya enfrentan considerables cargas de deuda. El Banco Mundial enfatizó que “todo esto nos recuerda una dura realidad: la guerra es desarrollo a la inversa”.

Más allá de estos impactos económicos y sociales inmediatos, el informe destaca el riesgo de una desaceleración económica global o incluso una recesión en algunas regiones si el conflicto se intensifica o se extiende más allá de las proyecciones actuales. El Grupo de los 24 países en desarrollo ya ha instado al Fondo Monetario Internacional (FMI) a adaptar sus recomendaciones de política monetaria y sus instrumentos de préstamo para mitigar estos crecientes riesgos económicos mundiales durante la guerra en curso. Este llamado colectivo refleja la preocupación generalizada entre las naciones sobre los efectos de gran alcance y perjudiciales de las tensiones geopolíticas actuales en sus respectivas economías y el bienestar de sus poblaciones. La situación subraya la intrincada interconexión de los mercados energéticos globales, la estabilidad geopolítica y la prosperidad económica, con el conflicto actual sirviendo como una prueba crítica de la resiliencia global.

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