Blatter Insta a Aficionados a Evitar Viajar a EE. UU. para el Mundial 2026 por Riesgos de Seguridad y Políticas Internas

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Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, aconseja a los aficionados no viajar a Estados Unidos para el Mundial 2026, citando preocupaciones de seguridad, políticas migratorias y el clima político. La FIFA, sin embargo, rechaza boicots.

Joseph Blatter, expresidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), ha generado un considerable revuelo en el ámbito futbolístico internacional al recomendar públicamente a los aficionados evitar viajar a Estados Unidos para presenciar el Mundial de 2026. Sus declaraciones, emitidas a través de su cuenta en la red social X, señalan preocupaciones significativas relacionadas con la seguridad y el entorno político interno del país anfitrión.

La postura de Blatter se fundamenta en un análisis crítico de la situación estadounidense, donde, según él, el contexto actual no ofrece las garantías suficientes para los visitantes internacionales. Este llamado no solo proviene del exdirigente, sino que cuenta con el respaldo de las advertencias del abogado suizo Mark Pieth, un reconocido especialista en casos de corrupción y exasesor de la FIFA.

Pieth, en entrevistas concedidas a medios suizos como Tagesanzeiger, ha expresado inquietudes sobre el clima político y social en Estados Unidos. Entre sus señalamientos, destacó las políticas migratorias, el trato a opositores políticos y los posibles abusos de los servicios de inmigración como factores que podrían generar incertidumbre y complicaciones para los aficionados extranjeros. El jurista advirtió que los visitantes podrían enfrentar controles estrictos e incluso deportaciones inmediatas ante cualquier incidente con las autoridades, llegando a afirmar que, en el mejor de los casos, serían enviados de vuelta a casa si no complacen a los oficiales.

El expresidente de la FIFA, quien dirigió el organismo entre 1998 y 2015, hizo eco de estas preocupaciones, enfatizando que el Mundial de 2026, que también tendrá sedes en México y Canadá, merece ser cuestionado en función del entorno interno que atraviesa Estados Unidos. Blatter, a sus 89 años y recientemente absuelto en 2025 de cargos de corrupción en su país, mantiene una abierta confrontación con el actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lo que añade una capa de complejidad a sus declaraciones.

En contraste con el consejo de Blatter, la FIFA, bajo la dirección de Gianni Infantino, ha rechazado rotundamente cualquier posibilidad de boicot y ha defendido el Mundial 2026 como un evento de unidad internacional. Infantino ha subrayado el enorme interés global en la competencia, citando que la demanda de entradas ha superado los 500 millones de solicitudes como prueba clara de la expectativa mundial.

El llamado de Blatter se integra a un debate más amplio en Europa, donde algunas voces críticas han planteado la opción de un boicot o incluso de reconsiderar la organización del Mundial en respuesta a ciertas decisiones del gobierno estadounidense, particularmente en temas migratorios y relaciones internacionales. Estas discusiones se intensifican en un contexto donde las posturas del presidente Donald Trump en estas materias son motivo de controversia.

Sin embargo, es importante señalar que no todas las federaciones nacionales comparten la misma postura. La Federación Francesa de Fútbol, por ejemplo, ha descartado cualquier intención de boicotear la Copa del Mundo, afirmando que no existe voluntad alguna de sumarse a esta medida.

La Copa del Mundo de 2026 está programada para celebrarse del 11 de junio al 19 de julio. Las declaraciones de Joseph Blatter añaden un elemento de discusión no futbolístico a la antesala del torneo, enfocando la atención en las implicaciones geopolíticas y de seguridad para los aficionados que planean asistir a los partidos en territorio estadounidense. La recomendación de Blatter de seguir el torneo desde casa, argumentando que se "verá mejor por televisión", subraya la seriedad de sus preocupaciones.

Este panorama expone la tensión entre el entusiasmo deportivo global y las realidades políticas y sociales de la nación anfitriona, marcando un precedente en la discusión sobre la idoneidad de las sedes de eventos deportivos de magnitud internacional. Las próximas semanas serán clave para observar cómo estas advertencias impactan en la percepción de los aficionados y en las decisiones de viaje, en un evento que busca ser un símbolo de unidad y pasión por el fútbol a nivel mundial.

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