Juego de Abalorios
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Los candidatos a la sucesión gubernamental en Sinaloa empiezan ya a aparecer claramente en el horizonte. Vienen de todas formas y colores cada quien buscando deslumbrar más que el otro para ganarse la postulación de su partido. El proceso que resulta más interesante es el vinculado al partido en el poder que es Morena, porque a decir de todos, su candidato será indefectiblemente el próximo gobernador del estado de Sinaloa.
El día de ayer, la Senadora por este mismo partido, Imelda Castro, anunció abiertamente su intención de contender por la candidatura de su partido y dejó entrever la posibilidad de solicitar licencia a su cargo tal y como lo hizo la senadora Chávez por Chihuahua. Esta medida se inscribe en la demanda que la propia Presidenta Sheinbaum ha hecho a los miembros de su partido que ejercen una función pública, de que si desean participar en el próximo proceso electoral como candidatos, tienen primero que separarse de su cargo.
Se da por hecho que de acuerdo a su normativa interna, Morena va a contender en Sinaloa con una candidata mujer, haciendo válida la alternancia de género. De esta manera, quedan ya sepultadas las aspiraciones de los hombres que aspiraban a obtener la candidatura; estamos hablando de Feliciano Castro Meléndrez, Enrique Inzunza Cázarez y Juan de Dios Gámez Mendívil. Por tal razón, aparte de la Senadora Castro, la otra figura femenina que se ha muestreado como una opción atractiva y viable dentro del partido es la Presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso estatal, la Diputada Teresa Guerra Ochoa.
Ambas precandidatas, porque ya es válido llamarlas así a estas alturas, cuentan con importantes respaldos tanto de los electores como de prominentes figuras de la política nacional y estatal. Imelda Castro ha cortejado mucho el apoyo de los grupos empresariales, de sectores universitarios y de pescadores y productores campesinos con el fin de tener una base sólida con la cual arrancar su proceso. Aunque no cuenta, por ahora, con el apoyo del gobernador Rocha Moya, sí se presume una cierta cercanía por su cargo y por afinidad de género con la Presidenta Claudia Sheinbaum y algunos altos dirigentes del partido. En días recientes, una persona del Senado fue nombrada comisionada para manejar el proceso de elecciones interno del partido, y es nada menos que su íntima amiga la Senadora Citlalli Hernández. Esto le da una cierta ventaja con respecto a la diputada Guerra, que es más bien cercana al Gobernador Rocha y cuenta, además, con el apoyo que le pueda concitar su hermano Juan Nicasio, de múltiples nexos con la vieja guardia de la izquierda inserta hoy en Morena.
A pesar de ello, la Diputada Guerra Ochoa no se amilana, y sigue una febril actividad legislativa haciendo acto de presencia por todo el territorio estatal, escuchando los problemas de la gente y procesandolo todo para impulsar nuevas leyes que ayuden a resolver los problemas y necesidades de todos los sectores sociales y productivos del estado.
Ambas precandidatas tiene un origen en común que es su militancia en la izquierda mexicana, ya sea Corriente Socialista, PSUM o PRD. Imelda es guasavense, egresada de la Preparatoria Guasave Diurna de la UAS, donde inició de la mano de ciertos mentores sus andanzas por la política estatal, muy joven, desde los 15 años podríamos decir. Tere Guerra es una abogada de mucho prestigio, defensora, como dijo Dostoievski, de las pobres gentes y los humillados y ofendidos. Esta militancia de larga data en la izquierda de viejo cuño, las ubica en la misma línea de arranque, y en ese sentido están muy emparejadas. De la misma manera, ambas manejan conceptos vinculados a una especie de saneamiento de la sociedad sinaloense, desvinculándola de prácticas atávicas que solo han generado inercias negativas muy dañinas de la economía y el tejido social. No dudamos que así pudiera ser, porque son mujeres muy enérgicas y decididas, sin miedo al reto de lidiar con el tigre local, que de papel no tiene nada.
Morena tiene ante sí un gran reto y de la fineza y pulcritud con la que maneje el proceso va a depender el margen de victoria que obtenga en todos los cargos públicos que entren en competición. Una división interna, lo que popularmente se conoce como choque de trenes, sería fatal, ya que la oposición, hoy desarticulada y desangelada, podría cobrar redoblados ánimos.
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