¿Quién va ganando la guerra en Irán?

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En la era de la información y los avances tecnológicos más sorprendentes en materia de telecomunicaciones, resulta bastante paradójico que sea la que menos información nos proporciona sobre un conflicto armado de tal magnitud.

En la era de la información y los avances tecnológicos más sorprendentes en materia de telecomunicaciones, resulta bastante paradójico que sea la que menos información nos proporciona sobre un conflicto armado de tal magnitud. La radio y la televisión en México están borradas, ofrecen nula cobertura, por lo que por medio de ellas no podemos saber nada de lo que pasa allá. Al Jazeera, televisora que podía ofrecer información fiable y en tiempo real, fue eliminada de las programaciones de los aparatos de LG sin ninguna advertencia. Quienes compramos esas televisiones oled gozamos durante varios años de sus transmisiones en inglés, pero hace aproximadamente seis meses su canal fue bloqueado y ya no tenemos abierta esa ventana que nos transmitía información desde su sede en la península arábiga.
Si queremos recurrir a la prensa internacional, esta solo nos deja leer los encabezados, después de robarnos nuestros datos mediante Facebook o Google.

 

Nos piden siempre sí o sí que metamos nuestra tarjeta y paguemos una suscripción; de otro modo no hay manera de acceder a sus contenidos.  Finalmente, solo nos quedan las redes de internet, las plataformas controladas por los Estados Unidos que ofrecen una información con narrativa favorable a los intereses de este país, por lo tanto, poco neutrales y veraces. Por estos canales, el ganador indiscutible es Estados Unidos, que un día dice que también eliminó al hijo sucesor de Ali Jamenei y al otro que destruyó toda la fuerza militar de la Guardia Revolucionaria iraní, su poder naval, aéreo y terrestre, y que su derrota ya es un hecho.

Por otra parte, los portavoces del gobierno iraní desmienten categóricamente estas aseveraciones: ni Mojtaba Jamenei ha muerto ni la capacidad de reacción militar iraní está desarticulada. Eso solo lo podemos comprobar por videos que suben internautas a la red de facebook o de youtube en donde se ven misiles iraníes impactar en pleno corazón de Tel Aviv o en algunas otras ciudades del sur de Israel como Arad y Dimona, enclavadas en pleno desierto del Neguev. No hay información fidedigna de cuántas personas murieron, porque siempre se habla de que solo hubo heridos, cosa que nadie cree, como es obvio. Irán está tan vivo hoy que hasta tuvo la capacidad, hace días, de atacar con sus misiles la isla de Diego García, base britanica-estadunidense, situada a 4 mil kilómetros de Therán.

Hace pocas horas, el gobierno de los Estados Unidos, por voz del propio Presidente Donald Trump, ha lanzado un ultimátum de 48 horas al gobierno de Irán para que abra el estrecho de Ormuz, so pena de ser destruidas sus centrales eléctricas más grandes. Debemos puntualizar que el paso está parcialmente bloqueado y que Irán solo deja pasar embarcaciones con banderas de países que de alguna manera son neutrales o amistosos con Therán, como China. Bien, pues Irán ha respondido que si eso sucede el estrecho se cerrará completamente y ellos atacarán las instalaciones petrolíferas de todos los países árabes aliados de Estados Unidos, hasta su destrucción total. Estamos hablando de que serán blanco de sus contraataques: Kuwait, Quatar, Arabia Saudita,  Emiratos Arabes Unidos e Irak. Se salva Omán por ser país neutral.

A estas alturas podemos solo concluir que no hay nada para nadie. Estados Unidos se ha tenido que tragar sus palabras de que sería una guerra que no duraría más de tres semanas, y ahora planea una invasión por tierra. Irán, por su parte, siempre corre el peligro de un levantamiento popular que eche por tierra al régimen si las condiciones de vida se hacen insoportables. Parece, en todo caso, una situación tipo MAD, en donde la destrucción mutua estaría asegurada. Sin centrales eléctricas, toda la economía de Irán colapsaría, pero sin el gas y petróleo de los países del Golfo Pérsico, la economía del mundo entero se sacudiría, creando una crisis energética y alimentaria sin precedentes. Los precios de los combustibles y de los fertilizantes se irían por las nubes, paralizando toda la cadena industrial y de producción de alimentos como nunca se había visto. Solo baste recordar que el 80 por ciento del gas que se consume en nuestro país proviene de las importaciones, gas que se utiliza para generar energía eléctrica y para alimentar a la industria nacional.   

Hay que estar muy atentos porque mañana es el día D y lo que pase en esta semana por venir quedará para siempre en los anales de la historia, para bien o para mal.

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