Rusia: Estudiantes Universitarios con Bajas Calificaciones, ¿Reclutados como Operadores de Drones para la Guerra en Ucrania?

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Rusia es acusada de presionar a estudiantes universitarios con bajo rendimiento académico para unirse a las fuerzas de drones en Ucrania, bajo amenaza de expulsión. Organizaciones de DDHH denuncian la estrategia del Kremlin.

Organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación independientes han lanzado una seria advertencia sobre una controvertida estrategia de reclutamiento que estaría implementando Rusia, la cual apunta directamente a estudiantes universitarios con bajo rendimiento académico. La denuncia principal es que estos jóvenes, que desaprueben exámenes o mantengan calificaciones bajas, estarían siendo presionados para unirse al Ejército como operadores de drones en el conflicto en Ucrania. Esta táctica representa un endurecimiento significativo de los métodos de captación de personal por parte del Kremlin, que busca reponer las bajas sufridas en una guerra que ya cumple cuatro años.

La situación ha generado una profunda preocupación, ya que se informa que los estudiantes enfrentan la amenaza de expulsión de sus universidades si no se alistan en las oficinas militares locales. Esta medida se suma a presiones anteriores ejercidas sobre otros grupos vulnerables, como personas con deudas, personas sin hogar, presos y procesados. Incluso, ciudadanos rusos naturalizados han sido amenazados con perder su ciudadanía si no se incorporan a las filas del ejército.

Según informes de la periodista rusa Daria Guskova, del diario opositor Mediazona, que opera desde Lituania, las autoridades rusas planifican reclutar un total de 78.800 personas para las fuerzas de drones. De este número, se estima que 58.000 serían estudiantes, exmiembros de unidades de aviación y mujeres con formación relevante. Esto subraya la importancia estratégica que el gobierno de Vladimir Putin estaría otorgando a la tecnología de drones en la continuación del conflicto, priorizando la guerra en Ucrania "a cualquier precio".

La campaña de reclutamiento no es un evento aislado. Medios como The Moscow Times indican que cada universidad tiene una cuota de estudiantes establecida para sumar al ejército. Por ejemplo, Marina Barinova, exasesora del rector de la Universidad Federal del Lejano Oriente en Vladivostok, declaró que su institución fue obligada a proporcionar 32 alumnos en febrero. La campaña se habría extendido a al menos 201 universidades y centros de enseñanza superior en todo el país, según el medio estudiantil Groza, con otros reportes mencionando más de 200 centros educativos y hasta 91 universidades y 112 centros de formación profesional implicados.

Las tácticas para persuadir a los estudiantes son variadas y, a menudo, implican engaños y promesas que luego podrían no cumplirse. Se les ofrecen contratos de un año, salarios significativos (que pueden ascender a 5 millones de rublos, o aproximadamente 50.000 euros, e incluso hasta 80.000 dólares anuales), estudios gratuitos después del servicio y un destino supuestamente seguro lejos del frente en Ucrania. Sin embargo, advierten que los contratos podrían volverse indefinidos y que los jóvenes podrían terminar siendo enviados al frente de batalla, con los riesgos inherentes de heridas o muerte.

Además de las promesas, la presión académica es una herramienta clave. A los alumnos suspendidos se les ha ofrecido suspender su expulsión a cambio de una "licencia académica" para ir al frente de batalla. En algunas universidades, se han prometido ventajas académicas como acceso preferente a programas de máster, exámenes en línea mientras estén desplegados e incluso la aprobación automática de asignaturas. La activista Tamilla Imanova, abogada del Centro Memorial para la Defensa de los Derechos Humanos, denuncia que el gobierno está utilizando la educación gratuita, un privilegio en Rusia que depende de mantener promedios altos, como moneda de cambio para la vida de los jóvenes.

El clima de hostigamiento se ha evidenciado en videos desde ciudades como Novosibirsk, donde rectores y autoridades académicas han reprendido a estudiantes en asambleas organizadas por el ejército, tildándolos de "cobardes" por no aceptar los contratos. La justificación militar para buscar a jóvenes universitarios radica en su supuesta destreza innata con teléfonos celulares y dispositivos digitales, considerándolos "más adecuados" para operar drones debido a su interés en los videojuegos desde la infancia. Esta lógica cínica busca capitalizar las habilidades digitales de la juventud para la guerra tecnológica.

La preocupación se extiende a las familias, que se muestran inquietas por la medida. La situación actual refleja un patrón en la estrategia de reclutamiento de Rusia, que ha evolucionado desde las levas masivas y la presión sobre presos e inmigrantes, hasta ahora enfocarse en la población estudiantil. Al convertir las aulas en centros de reclutamiento, Rusia no solo busca compensar las bajas en el frente, sino que parece institucionalizar el uso de sus ciudadanos más jóvenes y formados como piezas de recambio en un conflicto que no muestra señales de terminar.

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