¡Tamales Picosos!

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Donald Trump declaró hace poco que los Estados Unidos no ocupa nada de México, dando a entender de que si cierran sus fronteras al comercio, no pierden nada, salvo dejar de comer tamales picosos y tomates.

David Foster Wallace es un novelista norteamericano que en 1996 publicó su magna obra intitulada La Broma Infinita. Es un novelón de más de 1,200 páginas de un prosa intrincada y difícil, repleta de comentarios a pie de página que la hacen única por ser algo nunca visto en el género. A Wallace los críticos lo consideran uno de los escritores en lengua inglesa más influyentes e innovadores de los últimos años.

En algún pasaje de su obra, Wallace dedica más de veinte páginas en describir de manera microscópica lo que experimenta un adicto al momento de consumir su droga. Toda su novela destila escenas de este tipo, en donde se experimenta con muy diversas sustancias que alteran la conciencia.

Esta temática es una constante en la literatura estadunidense y refleja algo que es consustancial a esa cultura: el consumo permanente y sostenido a lo largo del tiempo de las drogas de moda en cada época, convirtiéndose en un fenómeno transgeneracional irreversible.

Donald Trump declaró hace poco que los Estados Unidos no ocupa nada de México, dando a entender de que si cierran sus fronteras al comercio, no pierden nada, salvo dejar de comer tamales picosos y tomates. Obvió de manera mañosa referirse al tremendo comercio del tráfico  de drogas que parte desde México y atraviesa sus fronteras, para suplir la descomunal demanda de todo tipo de opiáceos sin los cuales no puede vivir su sociedad. Las drogas son para los estadounidenses lo que el chile y las tortillas lo son para los mexicanos, un producto de primera necesidad.

Este comercio, ilegal en el papel, administrado en los hechos por ellos mismos, representa un monto anual aproximado de más de 12 mil millones de dólares.

Entonces, México en realidad no solo le aporta tamales picosos, le suministra, dejándonos de hipocresías, un producto que es vital para la supervivencia de su sistema y sin el cual cundiría el pánico y la violencia urbana en su interior.

Aclaremos que este comercio no es auspiciado por el gobierno mexicano. Se hace a través  del territorio mexicano por empresas privadas llamadas "carteles", que están estrictamente vigilados y regulados por las agencias de gobierno estadounidenses, y que fungen, aparte del comercio que suministran, como instrumentos de desestabilización política  de aquellos Estados latinoamericanos renuentes a plegarse a los dictados de Washington.

Cada vez que puede, Trump arremete contra México acusándolo de abusivo y dañino para los Estados Unidos. Lo culpa , principalmente, de la epidemia de consumo de drogas en su territorio, cosa que siempre ha existido desde antes de la promulgación de la Ley Harrison de 1914, pero que se exacerbó  con su participación en las dos guerras mundiales. No ve, en cambio, todo el daño que hace a nuestro país esa nefanda tradición consumista. Ser el trampolín de las drogas ha dejado en nuestro país miles de muertos regados, familias destruidas, tejido social desgarrado, putrefacción  política y distorsiones económicas. La tragedia y el llanto desgarrador no cesan, ora por un bebé muerto en un atentado, ora por un desplazamiento, ora por un negocio incendiado. El problema es mutuo, no de un solo lado, y el día que Estados Unidos entienda eso y deje de inundarnos de armas ilegales, ese día las cosas mejorarán. Como dijo la Presidenta Sheimbaum, la cooperación, no la subordinación, es la base fundamental del buen entendimiento.

 

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