TAMMANY HALL NO HA MUERTO

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Tammany Hall fue una maquinaria política partidista, vinculada esencialmente al Partido Demócrata, que tuvo una enorme influencia desde el siglo XVIII hasta 1960, sobre el crecimiento de muchas ciudades norteamericanas.

H. V. es un buen amigo que es experto en terapias de rehabilitación para niños y jóvenes con problemas psico motrices derivados de un problema congénito, de una enfermedad o de un accidente. Su negocio es edificar clínicas que ofertan estos servicios a padres y familiares de los afectados, con todos los aditamentos técnicos requeridos, incluidas piscinas, parte vital de las terapias de rehabilitación que usan para curar a sus pacientes.

En cierta ocasión, obligado por los altibajos de la vida, se vio en la necesidad de migrar al otro lado, estableciéndose en la ciudad de San Diego. Después de un tiempo residiendo ahí quiso montar una escuelita similar a las que ya había hecho en México, pero, para su sorpresa, se topó con una realidad que no esperó encontrarse en ese país del primer mundo, paladín de la democracia y la legalidad. Sin tener conocimiento ni de la historia ni del sistema político norteamericano, no pudo captar que el viejo Tammany Hall no había muerto.

Dijo que un amigo de él le advirtió de que ni se metiera, que no moviera nada, que no desperdiciara su dinero en hacer trámites y dar vueltas; que ese y muchos otros servicios que se prestaban en la ciudad ya estaban acaparados por un grupito de gente enquistada en el ayuntamiento, por lo que todas las licencias siempre recaían en lo que allá llaman un Ring of Power vinculado a quienes detentaban el poder municipal. De inmediato cayó en la cuenta de que era lo mismo que pasaba en México, y sin más esperanza de hacer realidad el sueño americano, le dio las gracias a su amigo de haberle ahorrado el perder miles de dólares, a la vez que emprendía su regreso a nuestra patria.

Algo que comentó me dejó muy pensativo y fue lo siguiente: los mañosos y corruptos de aquí, aprendieron a hacer sus corruptelas copiando lo que hacen los gringos en sus propias ciudades: aquí no puedes poner ningún negocio, porque todo ya está acaparado por la mafia, nuestro anillo de poder; ellos lo controlan todo, escuelas, guarderías, gasolineras, constructoras, transportes, venta de alcohol, renta de departamentos, de locales comerciales, sindicatos, etcétera, sin mencionar lo que cae dentro de la ilegalidad. Si de suerte llegas a montar un negocio, será con el permiso de ellos y con el respectivo cobro de piso. Aquí en México, mucho menos en Sinaloa, no se puede prosperar, fue su conclusión tajante.

Tammany Hall fue una maquinaria política partidista, vinculada esencialmente al Partido Demócrata, que tuvo una enorme influencia desde el siglo XVIII hasta 1960, sobre el crecimiento de muchas ciudades norteamericanas, de entre las que sobresale Nueva York. Desde finales del siglo XVIII Tammany empezó a controlar la política del estado y la ciudad de Nueva York mediante las dádivas y el patronazgo. Socorría a los más pobres, a los parias e inmigrantes, irlandeses en ese tiempo, a cambio de votos que les permitieran detentar el poder local, desde donde practicaban una corrupción generalizada, que se traducía en prebendas de todo tipo para los “bosses” (Jefes, Patrones) que los enriquecía a manos llenas. Estos Bosses, miembros y aliados del Partido Demócrata, ya todopoderosos, se convertían en unos formidables operadores políticos que fabricaban dictaduras partidistas de hasta más de cuarenta años en el control de una ciudad. Todos los contratos, todos los servicios públicos, recaían en ellos, pues eran ellos quienes se enteraban en primer lugar cuáles eran los planes de crecimiento e inversión del ayuntamiento. Anticipándose a todo, compraban terrenos a precio de ganga en lugares que antes nadie daba un peso por ellos, pero que se revaluaban “sorpresivamente” por una nueva decisión del cabildo de su ciudad. Nadie ponía un negocio, ni obtenía ningún puesto público sin la venia o permiso de estos jefes, que no se tentaban el corazón para arruinar económica y políticamente a alguien, fabricando ardides en su contra, calumnias, infamias y hasta crímenes.

Sin saberlo, mi amigo dijo una gran verdad: la corrupción del sistema democrático no nació en México, sino que tuvo sus orígenes en Estados Unidos mucho antes de que nosotros nos convirtiéramos en Estado nación. Mientras no muera allá, aquí seguirá vivita y coleando. En eso y muchas otras cosas más, ellos son un “ejemplo” para nosotros, desgraciadamente.

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