Terapias con Perros: Transforma el Bienestar Emocional Pediátrico y Reduce el Estrés Hospitalario
Publicado elEl Instituto Nacional de Pediatría implementa exitosamente terapias asistidas con perros, beneficiando a más de 2,700 pacientes pediátricos. Reducen estrés hospitalario, mejoran el bienestar emocional y humanizan la atención médica.
El Instituto Nacional de Pediatría (INP) ha implementado con éxito un programa de terapias asistidas con perros, una iniciativa que busca fortalecer el bienestar emocional de sus pacientes pediátricos, disminuir el estrés inherente al entorno hospitalario y humanizar la atención que reciben niñas, niños y adolescentes durante sus procesos médicos. Este programa, que inició formalmente en abril de 2025, ha beneficiado a alrededor de 2 mil 763 pacientes hasta la fecha, consolidándose como una estrategia complementaria vital en la institución.
La Dra. Adriana Barrientos Deloya, encargada de este programa innovador en el INP, ha explicado que estas intervenciones son un pilar fundamental para la mejora de la calidad de vida de los infantes hospitalizados. El Instituto Nacional de Pediatría se posiciona como pionero en este tipo de iniciativas en México, buscando estar a la vanguardia en el manejo y la atención que brindan a sus pacientes.
Las terapias, conocidas informalmente como los “Jueves de Perritos”, se llevan a cabo en colaboración con el Centro de Actividades y Terapias Asistidas con Caninos (CENATAC). Esta organización es clave, ya que facilita perros cuidadosamente seleccionados y entrenados, garantizando así que las intervenciones sean seguras, confiables, controladas y plenamente adecuadas para la población pediátrica. La rigurosidad en la selección y el entrenamiento de los canes, junto con estrictos protocolos sanitarios, asegura la seguridad de los pacientes, no habiéndose reportado incrementos en infecciones relacionadas con el programa.
Es crucial destacar que estas terapias no buscan sustituir los tratamientos médicos, de enfermería o rehabilitación que los pacientes ya reciben. En cambio, funcionan como herramientas complementarias poderosas que favorecen el estado emocional de los pacientes, mejoran su salud mental y facilitan la realización de diversos procedimientos hospitalarios. La presencia de los perros en un entorno que a menudo es fuente de angustia y miedo transforma la experiencia, permitiendo que los procedimientos sean más sencillos de realizar y que la hospitalización sea menos complicada para los pequeños.
Los resultados del programa han sido consistentemente positivos. La especialista Barrientos Deloya ha subrayado que se ha observado una notable mejoría en el estado de ánimo de los pacientes, una reducción significativa en el manejo de la ansiedad y avances en la rehabilitación infantil. El simple hecho de que un niño sonría, manifieste el deseo de comer o caminar, o pierda el miedo a su estancia hospitalaria gracias a la interacción con los perros, tiene un impacto directo y profundo en su bienestar integral, llegando incluso a favorecer la adherencia a los tratamientos médicos.
El alcance de estas terapias va más allá de los pacientes. La iniciativa también ha demostrado beneficiar al personal de salud del INP. Desde vigilantes y personal de limpieza hasta médicos y residentes, todos pueden experimentar una disminución del estrés relacionado con las exigentes jornadas hospitalarias, contribuyendo a un ambiente laboral más humano y positivo.
Antes de que un paciente pediátrico sea apto para estas intervenciones, se deben cumplir ciertos requisitos. Por ejemplo, los pacientes no deben estar inmunodeprimidos, no tener heridas abiertas o padecer infecciones que puedan contagiarse. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los menores pueden recibir esta intervención siempre y cuando acepten la interacción con el perro y el médico tratante esté de acuerdo. Además, las terapias asistidas siempre cuentan con un profesional de la salud —sea médico, psicólogo, rehabilitador o experto en terapia ocupacional o del lenguaje—, quien decide cómo proceder con el paciente, mientras el perro actúa como facilitador y el técnico apoya la dinámica.
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