Trump desafía a la OTAN: EE. UU. no necesita apoyo aliado para la seguridad en el Estrecho de Ormuz tras rechazo internacional

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Trump declaró que EE. UU. no requiere el apoyo de la OTAN ni aliados para el Estrecho de Ormuz, tras el rechazo a su coalición. Acusó a la OTAN de un error y afirmó que el éxito militar estadounidense permite actuar solo.

En un giro significativo en la política exterior de Estados Unidos, el presidente Donald Trump declaró el martes 17 de marzo de 2026 que su nación ya no necesita el apoyo de los miembros de la OTAN ni de otros países para garantizar la navegación segura en el estratégico estrecho de Ormuz. Esta audaz afirmación llega después de que sus intentos previos de formar una coalición internacional para reabrir la vía marítima, crucial para el comercio mundial de petróleo, fueran ampliamente rechazados por sus aliados.

La postura de Trump marca un endurecimiento en su enfoque, contrastando con sus llamados recientes para que los países aliados enviaran buques de guerra al estrecho. El mandatario estadounidense comunicó a través de la plataforma Truth Social, y posteriormente en declaraciones desde la Oficina Oval, que la mayoría de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le habían informado que no deseaban involucrarse en la operación militar impulsada por Washington. A esta negativa se sumaron naciones como Australia, Japón y Corea del Sur, a pesar de que Trump los había presionado por su alta dependencia del petróleo de la región.

El presidente no ocultó su frustración, calificando el rechazo de la OTAN como un «error muy tonto». Reiteró su visión de larga data de que la OTAN opera como una «calle de un solo sentido», donde Estados Unidos invierte «cientos de miles de millones de dólares anuales» en proteger a estos países, mientras que ellos «no hacen nada por nosotros», especialmente en momentos de necesidad. Pese a ello, Trump afirmó que esta situación sirvió como «una gran prueba» y que, debido al «éxito militar» de Estados Unidos en la guerra contra Irán, ya no considera necesario ni desea la ayuda de otras naciones. «¡Nunca la necesitamos!», enfatizó.

La respuesta de los aliados europeos fue clara. Líderes como el primer ministro británico, Keir Starmer, declararon que el Reino Unido «no será arrastrado a la guerra más amplia». El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, afirmó concisamente: «esta no es nuestra guerra». Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, indicó que Francia no participaría en operaciones para «abrir o liberar el estrecho de Ormuz en el contexto actual», aunque está trabajando en una misión europea para escoltar buques una vez que la fase más intensa del conflicto haya terminado.

El estrecho de Ormuz es una arteria vital por donde transita aproximadamente una quinta parte de la producción mundial de petróleo y gas natural licuado. Su cierre efectivo por parte de Irán, en represalia por los ataques de Estados Unidos e Israel, ha provocado un aumento significativo en los precios globales de los hidrocarburos. La situación ha puesto de manifiesto la complejidad de la seguridad marítima en la región y las tensiones en las alianzas internacionales.

Trump también había vinculado explícitamente la participación de Estados Unidos en la OTAN y su apoyo a Ucrania con la asistencia de los aliados en Ormuz, sugiriendo que una respuesta negativa sería «muy mala para el futuro de la OTAN». Sin embargo, a pesar de la crítica situación, los aliados han expresado su reticencia a involucrarse en un conflicto que, según ellos, fue iniciado sin su consulta.

Aunque el presidente estadounidense manifestó su decepción con la falta de «entusiasmo» de ciertos aliados, también mencionó haber recibido un «gran apoyo» de países de Oriente Medio, como Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Baréin. La declaración de Trump subraya una vez más su tendencia a priorizar una política exterior de «Estados Unidos primero» y a cuestionar el valor de las alianzas tradicionales, incluso cuando estas han respondido en momentos críticos, como la activación del Artículo 5 de la OTAN en apoyo a Washington tras los ataques del 11 de septiembre. La situación actual en el estrecho de Ormuz, por lo tanto, no solo es una crisis de seguridad energética, sino también un reflejo de las fracturas y redefiniciones en las relaciones internacionales.

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