Polvo en hogares mexicanos, más tóxico que en Europa: científicos de la UNAM

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El polvo que se acumula en los hogares mexicanos presenta un nivel de toxicidad superior al encontrado en ciudades europeas, con concentraciones elevadas de metales pesados que implican serios riesgos para la salud pública.

Una investigación reciente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha expuesto una preocupante realidad para los habitantes del país: el polvo que se acumula en los hogares mexicanos presenta un nivel de toxicidad superior al encontrado en ciudades europeas, con concentraciones elevadas de metales pesados que implican serios riesgos para la salud pública. Este hallazgo, difundido el 5 de enero de 2026, surge de un meticuloso estudio realizado por expertos del Instituto de Geofísica, el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA) y el Laboratorio Universitario de Geofísica Ambiental (LUGA) de la UNAM, marcando un llamado urgente a la concienciación y a la implementación de medidas preventivas.

El estudio, dirigido en parte por Avtandil Gogichaishvili del Instituto de Geofísica, se basó en el análisis de muestras de polvo recolectadas por ciudadanos en 14 entidades del país, incluyendo metrópolis como Morelia, Mérida y la Ciudad de México (CDMX). Los resultados, publicados en la prestigiosa revista científica “Indoor Air”, revelaron la presencia alarmante de diversos metales pesados dentro del polvo doméstico. Se detectaron específicamente concentraciones elevadas de manganeso, níquel, cobre, zinc, antimonio y plomo. Un aspecto particularmente inquietante de esta investigación es que, en numerosos casos, el polvo acumulado en el interior de las viviendas mostró niveles de estas sustancias peligrosas incluso superiores a los registrados en el polvo exterior de las calles. Esto sugiere que las fuentes de contaminación no son exclusivamente externas, sino que se ven intensificadas por factores internos y por la dinámica de acumulación dentro de los espacios habitables.

La presencia de estos metales pesados no es una cuestión menor de limpieza doméstica, sino que constituye un problema de salud pública de gran envergadura. Los investigadores han vinculado explícitamente estos elementos con una gama de efectos adversos para la salud, que incluyen daños neurológicos, desequilibrios hormonales y afecciones respiratorias. Las vías de exposición son múltiples, ya que el polvo puede ingresar al cuerpo humano a través de la respiración, la ingestión (un factor especialmente crítico para los niños pequeños que exploran el mundo llevando objetos a la boca) y el contacto directo con la piel. Dicha exposición conlleva consecuencias potenciales para los pulmones, el sistema nervioso, el sistema endocrino, y resulta particularmente alarmante para el desarrollo infantil, el cual es altamente susceptible a sustancias tóxicas durante sus años formativos. En el caso específico de la Ciudad de México, el estudio de la UNAM indica que el polvo doméstico puede ser hasta tres veces más tóxico en comparación con los niveles hallados en diversas ciudades del Reino Unido.

El estudio de la UNAM profundiza aún más al establecer comparaciones contundentes con datos internacionales. Al contrastar los resultados con hallazgos de investigaciones realizadas en Europa, Asia y Oceanía, las concentraciones de contaminantes en el polvo de los hogares mexicanos a menudo superan las registradas a nivel mundial. La investigación señaló específicamente que las concentraciones internas de cromo, níquel, hierro y manganeso en las viviendas mexicanas eran más elevadas que las documentadas en Sídney, Australia. Adicionalmente, los análisis comparativos con muestras de España, Corea del Sur, e incluso del sistema de metro de Nueva York, donde también se han identificado metales pesados, llevaron a los investigadores a declarar al polvo mexicano como el “campeón mundial en toxicidad”. Esta perspectiva global subraya la singularidad del desafío que enfrenta México en la gestión de la salud ambiental en el interior de sus viviendas.

Lejos de generar alarma, los expertos enfatizan que existen acciones concretas y efectivas para mitigar los riesgos asociados con este polvo doméstico tóxico. Una recomendación primordial es reforzar significativamente las rutinas de limpieza en el hogar. Esto incluye la limpieza profunda y frecuente de pisos, muebles, ventanas y cortinas, que actúan como la primera línea de defensa contra la infiltración de polvo del exterior. También se aconseja el uso de trapos ligeramente húmedos para la limpieza, ya que este método es más eficaz para atrapar las partículas y evitar su dispersión en el aire, en contraste con el barrido o el uso de plumeros secos. Además, es crucial que los propietarios revisen y mantengan periódicamente el estado de las paredes, la pintura y los muebles de madera barnizada. Cuando estos materiales se degradan, pueden liberar partículas que contribuyen a la carga de polvo en interiores, por lo que su buen estado es vital. La incorporación de plantas en jardines o cerca de las ventanas es otra práctica beneficiosa, dado que ciertas especies pueden ayudar a capturar una parte de los metales pesados y otros contaminantes presentes en el aire. Hábitos sencillos como quitarse los zapatos al entrar a casa y sacudir con mayor frecuencia tapetes, persianas y otros textiles pueden limitar considerablemente la acumulación de polvo contaminado en el interior. Estas medidas, aplicadas de manera conjunta, pueden reducir significativamente la exposición y proteger la salud de los residentes.

Esta noticia subraya la importancia de la investigación continua en salud ambiental y resalta la necesidad de una estrategia integral de salud pública para abordar la calidad del aire en los espacios interiores de México.

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