Wall Street: Marzo Negro por Guerra en Oriente Medio; Petróleo se Dispara y Dow Jones Cae en Corrección

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Wall Street cierra marzo con pérdidas y el Dow Jones en corrección, afectado por la escalada de la guerra en Oriente Medio, el bloqueo del estrecho de Ormuz y el disparo del precio mundial del petróleo por encima de los 100 dólares.

Wall Street cerró el mes de marzo de 2026 con un panorama de significativa volatilidad y pérdidas generalizadas, fuertemente influenciado por la escalada del conflicto en Oriente Medio. La guerra, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, ha sido el factor dominante que ha impulsado los mercados a un territorio de corrección, marcando uno de los meses más desafiantes en años para los principales índices bursátiles.

La incertidumbre geopolítica, que ha mantenido a los inversores en vilo durante semanas, se ha materializado en un repunte alarmante en los precios del petróleo a nivel mundial. El barril de crudo intermedio de Texas (WTI) superó los 100 dólares, alcanzando los 102,88 dólares por primera vez desde julio de 2022, con un incremento del 3,25% en una sola jornada. Por su parte, el Brent, referente europeo, cotizó entre los 107 y 112 dólares, y llegó a superar los 115 dólares, registrando aumentos cercanos al 55% en el mes. Este encarecimiento del crudo ha sido una respuesta directa a las interrupciones logísticas y las amenazas de suministro en puntos estratégicos, exacerbando los temores inflacionarios y las expectativas de subidas de tipos de interés a nivel global.

El catalizador principal de esta crisis energética ha sido el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria marítima crucial por donde transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo, el 31% de los flujos de metanol y el 19.3% del gas natural licuado (GNL) global. Irán ha manifestado intenciones de mantener esta vía marítima cerrada, y los informes indican que el tráfico de embarcaciones se ha reducido drásticamente, pasando de más de 100 al día a menos de cinco en algunos momentos. Esta situación, junto con los ataques a instalaciones energéticas en la región, incluyendo plantas de GNL en Catar, refinerías en el Golfo y la infraestructura petrolera en la isla iraní de Kharg, ha puesto una presión sin precedentes sobre la oferta global. Un ejemplo de estos incidentes fue el incendio de un petrolero kuwaití cerca de Dubái tras un presunto ataque iraní.

La reacción de Wall Street no se hizo esperar. El Dow Jones de Industriales, el principal indicador, entró oficialmente en territorio de corrección, al situarse más de un 10% por debajo de su último máximo. En jornadas clave, se observaron caídas significativas, como una pérdida de 793 puntos el 27 de marzo, y alrededor de 800 puntos en el cierre semanal del 29 de marzo, consolidando su quinta semana consecutiva de pérdidas, la racha negativa más larga en casi cuatro años. Otros índices importantes también sufrieron reveses: el S&P 500 retrocedió un 0,40% en algunas sesiones y acumuló caídas superiores al 7% en el mes, mientras que el tecnológico Nasdaq Composite también se hundió, con descensos que superaron el 16% en el primer mes de conflicto, y se mantuvo en territorio de corrección con una caída del 10% desde sus máximos.

En el plano político, las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han añadido capas de complejidad y volatilidad. Trump advirtió a Irán sobre posibles ataques estadounidenses a pozos petroleros y centrales eléctricas si no se reabría el estrecho de Ormuz, y ha planteado ultimátums, aunque también ha mencionado la existencia de conversaciones “serias” con un “régimen más razonable” para poner fin al conflicto. No obstante, las negaciones por parte de medios iraníes vinculados a la Guardia Revolucionaria de que hubiera negociaciones en curso, así como la implicación de la milicia hutí de Yemen, respaldada por Irán, han intensificado aún más la tensión internacional. La preocupación se acentuó ante la posibilidad de un despliegue de 10.000 tropas adicionales de EE.UU. en Oriente Medio.

Analistas económicos, como Samantha Gross del Brookings Institute, advierten que el impacto del conflicto en los mercados energéticos “no ha alcanzado su punto máximo”. La prolongación de la guerra amenaza con una desaceleración económica global y reaviva el debate sobre la estanflación, un escenario de alta inflación y estancamiento económico. La Reserva Federal (Fed) también ha advertido sobre el riesgo inflacionario, manteniendo una postura flexible pero cautelosa. La situación actual ha llevado a los operadores del mercado de futuros a elevar la probabilidad de una subida de tasas de la Fed para finales de 2026, superando el 50% por primera vez en el año. En este contexto, sectores sensibles como las aerolíneas y las empresas energéticas han liderado las caídas, mientras que el oro, como activo refugio, ha experimentado un alza significativa. La inestabilidad en Oriente Medio ha demostrado tener implicaciones estructurales para la inflación, los tipos de interés y el crecimiento global, lo que ha llevado a las casas de inversión a ajustar sus modelos de riesgo.

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