¡Es la economía, estúpido!

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En los recientes acontecimientos ocurridos en Europa, que podríamos catalogar como una Nueva Primavera Europea, se vieron a miles de personas, jóvenes en su mayoría, manifestarse con ira contra la situación social que viven...

Todo parecía indicar que George W. H. Bush se iba a reelegir en 1992 por sus éxitos en materia de política exterior, específicamente por su triunfo en la Guerra del Golfo. Sin embargo, los Estados Unidos atravesaban por una profunda recesión económica que lesionaba los bolsillos de sus ciudadanos y les provocaba un malestar que supo aprovechar muy hábilmente el cuarto de guerra de Clinton para ganar esa elección. La lección aprendida fue que para el ciudadano de a pie importa más cómo se desenvuelve la economía que cualquier otra cosa. Nada, ni las "guerras justas" ni la exploración espacial ni los robots de inteligencia artificial ni los autos voladores ni ciudades inteligentes ni más centros de datos, son más importantes que las tres comidas del día, que una buena educación, que una vivienda, que un trabajo honrado y que un medio ambiente de agua y aire limpios.

En los recientes acontecimientos ocurridos en Europa, que podríamos catalogar como una Nueva Primavera Europea, se vieron a miles de personas, jóvenes en su mayoría, manifestarse con ira contra la situación social que viven en sus respectivos países. Ello desencadenó una ola de denostaciones y la principal acusación fue de que todo era obra de los inmigrantes provenientes del África negra y musulmana que intentaban trastocar los valores y la cultura de la civilización occidental para suplantarlos por los suyos propios. Arguían que la culpa originaria se derivaba de una política europea de fronteras abiertas creyendo que el multiculturalismo y la defensa a ultranza de los derechos humanos pondrían a Europa a la vanguardia del progresismo mundial. Recalcaban que esta politica había sido promovida especialmente por los partidos de izquierda bajo la bandera de su ideología woke (despierto) que no es otra cosa mas que un progresismo excesivo que trae consecuencias desastrosas como las que se vieron por todos los medios: iglesias, escuelas y comercios incendiado y destruidos por doquier.

Toda esa reacción que inundó las redes, Instagram en primer término, no es mas que una burda simplificación del grave problema que asola a las sociedades democrático-capitalistas modernas. El empobrecimiento galopante que asola a amplias franjas de la población es una realidad que no se puede ocultar. En estas sociedades, el 1% de su población cada vez se vuelve más rico y poderoso, concentrando hasta el 63% de toda la nueva riqueza global equivalente a 26 billones de dólares, mientras que el otro 99% de la población se reparte el resto de un total de 42 billones de dólares. Otros datos nos dicen que el 50% más pobre de la humanidad solo obtiene el 1% de la riqueza creada. Doce personas acumulan un patrimonio superior al de más de 4 mil millones de personas. Musk, de Tesla, 627 mil millones, Page de Alphabet, 271 mil millones, Bezos de Amazon, 285 mil millones, Ellison, de Oracle, 187 mil millones, Dell, de Dell, 159 mil millones, entre otros bastante conocidos. Esto, las políticas globalistas que privilegian el crecimiento ilimitado de las corporaciones multinacionales y no las políticas migratorias de fronteras abiertas por razones humanitarias, son las que provocan los estallidos sociales como los vistos en muchas partes del mundo, no sólo en Europa.

Maricarmen en España, la carne de burro en Argentina, los motines urbanos en Francia, Italia, Belgica, Inglaterra son casos en los que la gente reclama atención a sus necesidades básicas, las que permitan una vida digna, en vez de que los presupuestos vayan a favorecer a enormes complejos industriales militares o a guerras de última generación que solo enriquecen al 1% de sus sociedades, a estos nuevos barones ladrones de apellidos Musk, Bezos, Zuckerberg, Ortega, Arnault, Grosvenor, Devasini, etcétera.

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