La Primavera de los Pueblos del siglo XXI

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Cuando todo parecía que una Noche de los Cuchillos Largos se cernía sobre Europa y América... aparece en el horizonte la llama salvadora de los triunfos electorales en Brasil y Serbia para parar en seco una tendencia conservadora.

Cuando todo parecía que una Noche de los Cuchillos Largos se cernía sobre Europa y América y que las fuerzas de la derecha de corte fascista con Bibi Netanyahu y Donald Trump a la cabeza, se impondrían por todo el mundo occidental, desde Finlandia hasta Grecia, desde Alaska hasta la Patagonia, aparece en el horizonte la llama salvadora de los triunfos electorales en Brasil y Serbia para parar en seco una tendencia conservadora y antiprogresista que parecía devorarlo todo en ambos continentes.

Lula ha ganado en Brasil de manera inobjetable, con un pueblo volcado masivamente a las urnas y poseído por un furor arrebatador ante el peligro de que un Milei brasileño se alzara con el poder y convirtiera al Brasil en un tepetate árido y seco que solo más sufrimiento traería a los pobres y desposeídos. Escenas de pánico y entusiasmo mezclados se pudieron ver por la red cuando enormes embarcaciones fluviales vomitaban a miles de votantes que acudieron en masa a los centros de votación para otorgarle su voto a Lula e impedir así la victoria de Bolsonaro, que ya veían como una terrible tragedia. De todos lados brotó el votante y acudió por todos los medios, en lanchas, canoas, piraguas, burros, mulas, demostrando que la conciencia cívica se despierta cuando una amenaza se cierne sobre el pueblo mismo, coartando su libertad y seguridad económica básica. El miedo a la motosierra de Milei aplicada a Brasil, con recortes indiscriminados al gasto público, hábilmente manejado por el cuartel de campaña de Lula, despertó de su letargo hasta los más indolentes, que se negaron, en pocas palabras a sufrir el mismo viacrucis del pueblo argentino, obligado ya a comer solo una vez al día.

 

La alerta para los brasileños no solo vino de Argentina, sino que los más recientes acontecimientos en Europa los despabilaron. La región que supuestamente debería ser el ejemplo de progreso y bienestar para todos, encabezando los más altos estándares de vida en todos los rubros como educación, salud, vivienda, empleo, salarios, jubilación, mercados competitivos, estalló en una ola de protestas callejeras demandando precisamente todo lo anterior y acusando, en muchos casos, a sus respectivos gobiernos de corruptos y antidemocráticos. Para amplias franjas de la población, la situación por la que estaban pasando ya era insostenible y no podían cruzarse de brazos y mirar con indiferencia su propia agonía. Jóvenes sin empleo o con empleos muy mal pagados, mileuristas que solo les alcanzaba para pagar su alquiler y mal comer, sin aliento para intentar formar una familia, viviendo muchos todavía con sus padres; estudiantes en el abandono y obligados a pagar altos costes de matriculación; agricultores en la bancarrota por culpa de los altos precios del diesel; familias que no llegaban a fin de mes devoradas por el coste de los servicios públicos como agua, electricidad, transporte; profesores sin contratos, sindicalistas con jubilaciones mermadas, en fin, toda una constelación de indignados por la mala vida que les estaba dando el continente que otrora fue el faro de la democracia, el bienestar y el progreso.

Por todo ello, en Serbia decidieron poner un hasta aquí a todo esto. La derecha, en este caso en el poder, ha perdido también el día de ayer las elecciones a manos de una organización estudiantil que se hartó de su corrupción, de su autoritarismo, de su ineptitud y de su indolencia. Unas obras mal construidas derivadas de una adjudicación opaca fue el detonante para que se iniciara un vasto movimiento de protesta denominado Estudiantes en Bloqueo, que desde 2024 puso en jaque al régimen y logró por fin derrotarlo presentando una lista de candidatos al parlamento alejada de los convencionalismos partidistas, basados únicamente en la honradez y el prestigio personal y profesional de los designados. Un profesor de cardiología se convirtió en su figura representativa, pero hay ahí deportistas, agricultores, artistas, intelectuales, de todo, menos estudiantes en activo. Ellos solo los propusieron e hicieron la campaña a pie y en bicicleta por todo el país. Entre otras cosas pidieron más inversión social robusteciendo los fondos públicos y recortando privilegios para dedicarlos a sanidad y educación; asimismo lanzaron el lema de Serbia o la Mafia, aludiendo al involucramiento del gobierno con el crimen organizado en ciertas estructuras estatales.

 

Estos dos triunfos electorales fueron producto del despertar de los pueblos de las principales ciudades europeas y americanas que han visto como su nivel de vida cayó drásticamente en los últimos tiempos derivadas de políticas muy complacientes con la clase capitalista transnacional. El intento de Bolsonaro de favorecerlas y el de Vucic de seguir apoyándose en ellas, fue visto por el pueblo de ambos países como una amenaza a su bienestar y prosperidad. Con esto pierde fuerza la posición de Donald Trump en el mundo, que hasta hace unos días festinaba una “ola naranja” imparable cubriendo medio mundo. Es muy probable que esto traiga consecuencias desastrosas para su propio movimiento al interior de su país, pues corre serio peligro de perder las elecciones de noviembre, no tener el control del Congreso y ser sometido a juicio político para destituirlo del cargo por corrupción y sus desplantes autoritarios y antidemocráticos. Intentarán él y sus socios medidas desesperadas, pero con esto, su suerte ya está echada.

Un nuevo grito recorre el mundo: ¡Capitalismo, Modérate!

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